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Parir en la Dexeus

Posted in Avatars com a consumidor by blami on 16 Abril 2010

En esta entrada, intentaremos describir la experiencia de dar a luz en el Hospital Universitari Dexeus.

La perspectiva es la de unos papis primerizos que se habían intentado preparar bastante para el parto mediante cursos, libros, revistas, documentales, charlas…

Fuimos a la Dexeus atraídos por un montón de referencias positivas. La ginecóloga nos convencía y es un hospital amigo de los niños.

En todo el post, se evitará la identificación directa de cualquiera de las personas que (mejor o peor) nos atendieron. Así, todo el personal será referido en femenino y sin nombres.

La ginecóloga

Tenemos una excelentísima impresión del trato de la ginecóloga.

Cuando le presentamos el plan de parto, lo discutió con bastante seriedad y realizó pocas objeciones, la principal fue la necesidad de colocar una vía. Por lo demás, se mostró comprensiva con nuestra preocupación: conseguir un parto con estrictamente la mínima intervención médica necesaria para garantizar la seguridad de la mami y el bebito.

Salimos de la entrevista con la idea de que el plan resultante era correcto y viable. Aun así, nos recalcó que nos asegurásemos de recordar su existencia a la comadrona.

Visita previa

Uno de los servicios que ofrece el hospital es el de concertar una visita previa para familiarizarte con el lugar.

La persona que nos atendió fue bastante correcta. Nos indicó los pasos a seguir dependiendo de las diferentes opciones (programado, espontáneo, urgente). No pudimos acceder a las salas de dilatación/parto pues estaban ocupadas en aquel momento, pero la doctora de guardia salió y contestó nuestras preguntas, en general, muy amablemente.

La idea que nos llevamos fue que el hospital estaba muy interesado en permitir el contacto inmediato madre-hijo para favorecer la lactancia y que, en la medida de lo posible, apostaban por el mínimo intervencionismo médico que requiriese cada situación.

Según se nos explicó, disponían de sistemas de monitorización que permitían moverse a la embarazada y permitían traer una pelota para ayudar a la dilatación. Como veremos más adelante, no tenemos ninguna constancia de su existencia.

Respecto a la presencia del acompañante, estaba totalmente permitida excepto en caso de cesárea. Objetamos que en otros hospitales nos consta que aceptan también el acompañante en esta situación (por ejemplo, en la Teknon) y nos contestó que aquí dependía del doctor que estuviese al cargo.

Respecto al plan de parto, nos dijo que una cosa es lo que se planea y otra lo que pasa en la realidad. Que es el bebé el que elije y que, por tanto, los planes de parto están muy bien hasta que llega la realidad. En aquel momento quisimos entender que las circunstancias de cada parto podían hacer modificar el plan, es decir, lo que significa cualquier planificación, ¿no? Visto en perspectiva, no obstante, lo que nos decía más bien era un dejaos de tonterías que nosotras sabemos perfectamente como sacar niños al mundo sin necesidad de que nos vengáis a decir como hemos de hacer nuestro trabajo

También pudimos acceder a las habitaciones una vez finalizado el parto, donde la mamá se recuperaría durante unos días (unos tres si todo iba bien). Luego hablamos de ellas.

Sala de espera

Como nuestro retoño se lo tomó con mucha calma, finalmente fue necesario programar el parto. Así que nos plantamos tranquilamente sobre las 8:30 de la mañana en el hospital y en una media hora nos hicieron el registro, nos cargaron 50€ de fianza en previsión a gastos que pudiesemos realizar durante nuestra estancia, y nos hicieron ir a la sala de espera de la tercera planta (donde se encuentran las salas de dilatación/parto).

La sala de espera es un lugar extremadamente incómodo: sillas de plástico, sin revistas, con un único lavabo que en aquel momento no tenía ni jabón. De hecho, no se puede llamar sala sino pasillo. Una puerta con un botón, permite avisar al personal del interior. Al pulsarlo, una voz distorsionada y brusca te pide que quieres y has de explicarlo a viva voz de manera que todos los que esperan han de saber que tienes una irritación en tu zona genital y que vienes de urgencias. La chica con la irritación resultó ser muy simpática. Estaba mucho más nerviosa que nosotros. Preocupada por haber cogido alguna infección en sus partes y por si pudiese estar embarazada, teniendo en cuenta que su novio y ella tienen trabajos muy poco estables y viven aun en casa de los papis. Sí, en estos sitios las barreras de la intimidad se disuelven mucho y, esta sala particularmente, invita a ello.

Salas de dilatación

Nos comentaron que el hospital dispone de cinco salas de dilatación. Se trata de unas salas bastante amplias y razonablemente cómodas (lavabo, silla para el acompañante, espacio para la pelota, televisión…) así como diferente material destinado a la monitorización durante la dilatación y, finalmente, al parto.

De lo que no tuvimos, aun y pidiéndolo, fue un sistema de monitorización que permitiese el movimiento. Así que la futura mami se pasó horas postrada en la cama sin poderse mover. Por suerte, de tanto en tanto, la desconectaban un ratillo y permitían que se sentase en la pelota de dilatación, cosa que resultaba ser bastante aliviante.
Como nuestro parto fue largo, nos encendieron la tele y vimos (entre contracción y contracción) las ocurrencias del sé lo que hicisteis, cosa que fue muy de agradecer y quitó algo de hierro a la espera.

Doctoras, comadronas, enfermeras, anestesistas…

La primera persona que nos atendió fue una comadrona. Nos tuvo que decir ella que lo era, pues hasta aquel momento no habíamos tratado con ninguna en la Dexeus. Según nos dijo, las comadronas de la Dexeus únicamente están en las salas de parto.

Tal y como nos indicó nuestra ginecóloga y nos insistieron en los cursos de pre-parto, le recordamos lo de nuestro plan de parto, cosa que pareció molestarle. Mira, el plan de parto está muy bien, pero tu vienes con un parto programado y si no te metemos oxitocina te puedes pasar aquí tres días sin dilatar nada. Intentamos hacerle entender que comprendíamos que no todo el plan podría ser seguido dadas las circunstancias, pero ella ya estaba suficientemente molesta como para escuchar y nos envió a otra comadrona que demostró, si bien no estar más a favor de nuestro plan de parto, al menos tener más mano izquierda.

Lo primero que hizo fue poner a la mami una vía y la monitorización (las correas). Ya nos lo habían advertido, por lo que no hubo sorpresa al respecto.

Al cabo de un rato llegó la doctora de guardia (la titular) acompañada por otra persona, que resultó ser también doctora (probablemente en prácticas). Nuevamente le comentamos lo del plan de parto, con lo que la doctora titular se mostró claramente molesta. Para suavizar la situación, le comentamos que, por supuesto, confiábamos plenamente en su profesionalidad a lo que respondió con un seco hombre, es que si no hay confianza…

Analizando la situación, a partir de un tacto vaginal y consultando a la doctora acompañante, la doctora titular decidió que se podría intentar utilizar un gel para ver si acababa de borrarse el cuello del útero y nos propuso (casi como un desafío) que decidiésemos nosotros si ponernos ese gel o bien pasar a la oxitocina directamente. Dada nuestra falta de conocimientos sobre el tema, nuestra respuesta nos pareció lo más lógico: ¿qué nos recomienda doctora? Esta pregunta tuvo un efecto inesperado en ella, de repente suavizó el trato áspero que nos dispensaba y, comentándolo con su compañera, resolvió que quizás fuese adecuado probar el gel aún arriesgando a alargar más el parto. Por si no te has hecho ya una idea, en aquel momento los dos estábamos suficientemente tensos y asustados como para que aquellas palabras algo menos secas y aquella primera demostración de que les importaba nuestro parto algo más que su “atacado” orgullo profesional, nos resultasen de un gran alivio. Le dimos las gracias y probamos el gel.

Comentando respecto el tema de la ruptura forzada de la bolsa, la doctora nos comentó que mejor que se rompiese de manera espontánea. Como eso cuadraba con lo que habíamos estudiado, también nos tranquilizó.

Entre las doctoras y el resto del personal (comadronas y enfermeras) el intercambio de palabras fue casi nulo y, en las pocas excepciones, muy frío.

Las horas fueron pasando y la comadrona con mano izquierda se pasó por allí y puso una nueva bolsa en el gotero. No lo asociamos entonces y ella no nos informó de nada, pero al poco tiempo empezaron a aparecer las contracciones “de verdad”. Es decir, aquellas que hacen a la futura mami dejar de hablar y tenerse que concentrar en la respiración para aplacar el dolor.
Al cabo de un rato, pasó la doctora acompañante y se mostró sorprendida de que ya estuviese “enchufada” a la oxitocina. Esto confirmó nuestras sospechas de que la comunicación entre los dos “estamentos” doctoras-comadronas no era de lo más abierta que uno pueda imaginar.

En dos o tres ocasiones, y mostrándolo como un favor con un cierto riesgo, la comadrona con mano izquierda desconectó a la mami de las correas y le permitió moverse durante unos minutos (una media hora aproximadamente) para luego reconectarla.

Pero las dolorosas contracciones no parecían hacer su efecto. El dolor parecía ser asumible (como una regla chunga que se repite cada pocos minutos) pero las horas iban pasando y con ellas se iban yendo las energías de la mami. Para colmo, empezó a subir la tensión de una manera peligrosa. Tras una advertencia de la doctora de que esta situación podría dañar al bebé, la mami decidió que pediría que le pusiesen la epidural.

A estas, la comadrona de la mano izquierda llegó para hacer un nuevo tacto y desenvolvió una especie de varilla de plástico que colocó cerca. Como ya habíamos visto sus capacidades de improvisación, le preguntamos si se trataba de un tacto normal. Ella comentó que sí, y que si no había dilatado, procedería a romper la bolsa. Le pedimos que no lo hiciese hasta hablar con la doctora, pues esta nos había comentado que era mejor no hacerlo. A esto, ella cogió el objeto puntiagudo y lo tiró al cubo acompañado de una subida de hombros y de un tu sabrás, no es mi parto cargados de desdén. Intentamos suavizar la situación diciéndole que no dudábamos de sus conocimientos, pero que estábamos confusos por lo que nos había dicho claramente la doctora. ¿Te imaginas?, en una situación así nosotros intentando suavizar las cosas para que la comadrona no estuviese molesta (¡de locos!). Ver a su pareja sufriendo y la situación tan inverosímil pudo con el papi, casi desmoronado le acertó a decir que nosotros no somos fundamentalistas, que entendiese que simplemente queríamos hacer el parto lo mejor posible.

No sé si tuvo algún efecto, pero luego una enfermera comentó a la comadrona con cierto tono comprensivo claro, si la doctora les dice de no romper la bolsa, cualquiera les explica después que es mejor romperla. La comadrona con mano izquierda nos preguntó dónde habíamos hecho los cursos de preparación. Le respondimos dónde, a lo que respondió con una ligera subida de hombros y se marchó.

La ginecóloga pasó por la habitación antes de finalizar su jornada y se interesó por la situación del parto. Aquello nos supuso un gran alivio. Le comentamos lo de la bolsa y nos dijo que había partidarios de romperla (especialmente en casos de tensión elevada) y otros de no hacerlo, pero que científicamente no estaba claro qué era mejor.

Más tarde llegaron las doctoras. Les pedimos que pusiesen la epidural y, muy suave y cariñosamente, la titular dijo pues claro mujer, estas cosas están inventadas para algo. Comentaron que romperían la bolsa pero no antes de poner la epidural pues no querían hacernos una jugada así. Al parecer, la ruptura de la bolsa trae acompañado un profundo dolor. Entendemos que la comadrona con mano izquierda, o bien no lo sabía o bien quería ofrecernos una clase práctica de por qué es mejor dejar el parto en manos de las profesionales y no de planes “sin sentido”.

La anestesista requirió que el acompañante saliese de la sala. Así que el papi aprovechó para dar noticias a los familiares que esperaban en la incómoda sala de espera y para comer alguna cosa. Al volver, la mami estaba mucho más relajada y la tensión había descendido algo. La anestesista (quien no parecía demasiado experta ni sensible, ya que  no tenía en cuenta las contracciones de la mami al clavarle la banderilla) fue pasando en diferentes ocasiones para asegurarse de que la anestesia iba haciendo su efecto adecuadamente, y ya de paso, se encargaba de desmoralizar a la pobrue mami con frases del estilo anda que no te falta todavía ó qué verde estás (tras bastantes horas de contracciones y demás situaciones aquí descritas).

La comadrona con mano izquierda vino a despedirse y la sustituiría la comadrona “bruja”, tal y como la denominó la enfermera de turno.

El parto

De repente la sala se llenó con las dos doctoras, la comadrona bruja y una enfermera. Habilitaron la camilla para colocar las piernas abiertas y empezaron a actuar. De vez en cuando, alguna doctora pedía que la enfermera dispusiese alguna cosa como solución yodada o similares. El tono entre doctoras era el cortés que tienes con una compañera de trabajo con quien te sientes bien. El tono con la enfermera era despectivo y arrogante. La enfermera únicamente ejecutaba la orden sin más. Entre otras cosas rompieron la bolsa y pidieron a la mami que empezase a empujar. La doctora titular soltaba comentarios del estilo tienes que practicar más el pujotu periné no mata. No está mal pero los he visto mucho mejores. Por suerte, la doctora acompañante daba algunos mensajes de ánimo con un así, muy bien! venga ánimos. Vamos, lo que esperas que le digan a una mami en plena labor de parto, ¿no?

Al parecer  el peque no estaba del todo listo y en seguida desalojaron la sala. Antes, la doctora acompañante preguntó al papi si quería ver la cabeza de su hijo. ¡Figúrate! Un momento emocionante como aperitivo para lo tenía que venir.

Pasó un rato más. La comadrona bruja estaba algo más suave. Le preguntamos cuanto estimaba que podría faltar y nos dijo que en un par de horas estaría resuelto, y pidió al papi que se pusiese un “pijama” verde.

Al acercarse ese tiempo, volvió todo el equipo a ocupar sus puestos. Pidieron al papi que cubriera su cabeza con una bolsa verde y la cara con una mascarilla, y… empezó el espectáculo.

Varios ¡empuja!, ¡ahora!, ¡como si estuvieses haciendo de vientre! Ya nos habían avisado en el curso de preparto que nos indicarían este tipo de pujos pero que debíamos hacer otro tipo más eficaces y que evitaban daños “colaterales” para la mami (básicamente producirle hemorroides). Al final, la mami desistió de lo indicado en el curso. Bajo aquella presión ¿quién la culparía? La comadrona se subió a empujar sobre la barriga (como nos habían advertido que haría y asegurado que era peligroso para el bebé), pero ya no teníamos fuerzas para protestar. Ya sólo queríamos que finalizase. La titular me dijo que sería necesario practicar un pequeño corte (episotomía) y acto seguido lo hizo.

En poco tiempo salió nuestro retoño en lo que se convirtió en el momento más emocionante que hemos vivido los papis. En seguida comenzó a llorar. Creo que jamás podremos olvidar aquel ser aparentemente tan frágil y desvalido llorando ante la sonrisa de satisfacción de sus papis. Dejaron al pequeño sobre la madre un momento pues al nacer había soltado el meconio y por seguridad se recomendaba limpiarlo antes. La mami estaba encantada y no parecía recordar nada de aquellas interminables horas. Únicamente existía su bebito, al que no le perdía ojo. Mientras, las doctoras continuaban su labor. Comentaban animadamente cosas de ellas mientras extraían la placenta y daban unas cuantas puntadas al corte.

Las doctoras se despidieron. La titular nos dió algunas observaciones como los puntos se caerán por su cuenta, lávatelos con agua y sécalos con un secador en frío, a pesar del corte se ha desgarrado un poco. Cerrará sin problemas aunque dolerá como un corte de papel en los dedos, y alguna especie de reproche sobre la, después de todo, pobre preparación al parto que llevábamos. Pero, sinceramente, en aquel momento no nos interesaba demasiado sus desahogos ni sus inseguridades personales o profesionales. Ya teníamos lo que queríamos: la mami y el bebito juntitos. Así que, me temo que no registramos todos los detalles de lo que nos dijo. De hecho, tuvimos que pedir que nos volviesen a explicar alguna de las instrucciones. ¿En qué estaríamos pensando?

Una vez limpito, pusieron al bebito otra vez sobre la madre y empezó su lucha por intentar comer. ¡Espectacular! Una enfermera propuso que hiciésemos alguna foto para registrar aquel momento irrepetible. Otro detalle de agradecer.

La habitación

Al cabo de un rato pasó un camillero y nos acercó a la habitación. Fue un poco incómodo llevar todas las cosas que teníamos en la sala de dilatación, por lo que aconsejamos al posible futuro acompañante de un parto que no se lleve más cosas de las imprescindibles durante el parto (algo de comer, la pelota de dilatación si quieres, el móvil, una funda para las gafas… y poco más).

La habitación era algo pequeña (no era en absoluto como la que nos habían mostrado durante la visita previa). Estaba bien equipada con una tele que no llegamos a encender pero sí apagar un par de veces (quizás alguien la encendió con su mando desde otra habitación) y un teléfono multifunción que, en nuestra habitación no estaba pero que el camillero nos prometió que en algún momento los de mantenimiento lo repondrían. El lavabo era razonablemente cómodo. Únicamente decir que el secador no permitía poner el modo frío, con lo cual el tema de secar los puntos de la epi no fue tan fácil. La cama del acompañante, un tanto difícil de desplegar la primera vez, resultó ser cómoda y suficientemente larga.

Poco después llegó una puericultora con su vestimenta rosa. Tenía un rostro serio pero resultó ser muy amable. Se sorprendió que nos hubiesen envuelto al pequeño en un cambiador/protector en lugar de darnos una mantita y accedió a que el papi la acompañase para ver como limpiaba y hacía las primeras pruebas al peque. Operaciones que hizo con una eficacia y dulzura impresionantes. Finalmente, de vuelta a la habitación, nos recomendó que dejásemos al bebito en su cuna y que aprovechásemos para dormir aquella noche pues el pequeñín estaba exhausto y no se movería mucho a diferencia de lo que vendría al día siguiente. Tenía razón.

Tras recuperar el resto de cosas del coche que descansaba en el parking y desplegar la cama-sofá, sobre las cuatro de la mañana nos pusimos a dormir tras observar aun incrédulos la maravilla que dormía en la cunita entre nosotros.

La mañana llegó en seguida, y con ella, una multitud de personal uniformados con diferentes colores: enfermeras, doctoras, ginecóloga, puericultoras, pediatras, limpieza, mantenimiento, dietista, vendedores de servicios extras…

Se trataba de personal que daba la impresión de ser muy profesional pero que trabajaban de manera aislada, sin comunicarse entre ellos. A menudo nosotros hacíamos de puente entre ellos: ¿qué os ha dicho la pediatra?, ¿te han mirado ya la tensión?, ¿te han dado ya la pastilla?, ¿no es hoy el día del alta?

Durante el día, varias puericultoras fueron pasando para comprobar que el bebito se agarrase bien al pecho y succionase correctamente. No lo hacía demasiado bien pues se oía mucho ruido de aire entre chupetones, pero nos aseguraron que mejoraría. Estábamos (y estamos) encantados con ese seguimiento que nos daba seguridad y sensación de estar en buenas manos.

La segunda noche fue, como nos dijo la primera puericultora, bastante más difícil. El bebito quería comer pero aún no había más que un poco de calostro (al parecer algo de lo más común). Así que se dispuso a llorar desconsoladamente. La mami lo puso en su cama para darle un poco de calor humano y lo protegió de posibles caídas con la almohada del papi. A nosotros se nos caía el alma verlo tan rojito y sacamos el arma secreta: ¡el chupete! Se trata de un objeto que nos recomendaron pasar “de contrabando” pues en algunos hospitales estaba muy mal visto. No sabemos muy bien por qué, pues tras calmarse con la tetina artificial, luego mejoró mucho succionando la natural hasta el punto que dejó de hacer ruido. Tampoco pasó que rechazase el pecho ni nada por el estilo (de hecho, a día de hoy, lo que rechaza abiertamente es el chupete que no lo quiere ni ver). Una puericultora (algo acelerada), al verlo, reprochó ¿pero que veo? ¡un niño con chupete! ¡Eso no puede ser! Va a dificultarle mamar. Como lo vea la pediatra… a lo que respondimos mostrando los avances de nuestro lactante. Ante la evidencia, se despidió con un vale, pero que no lo vea la pediatra. (¿No te recuerda a un cuando venga el papa te vas a enterar?)

Aquel día la pediatra no pasó. Según algún comentario, se había descuidado y en ningún momento nos dieron otra explicación. Así que no pudimos informar a las puericultoras del informe. Tras varios intentos, alguien rompió la barrera de comunicación de alguna manera y la pediatra de guardia vino a confirmarnos que todo iba bien con nuestro pequeñín. Al preguntarle por el peso nos dijo que había perdido unos cuantos gramos pero que estaba dentro de la normalidad.

Al día siguiente la puericultora acelerada mostró gran preocupación por el peso del bebé. Nos dijo que no debía de estar mamando bien y que la pérdida era peligrosa. Así que haría falta un complemento y usar un extractor de leche para estimular más la producción. Nuestros comentarios de que la última vez que le pesaron nos dijeron que estaba dentro de lo normal no hicieron mella en su determinación. Así que ya ves al papi corriendo a casa a buscar el extractor para llegar antes de la siguiente toma. Llegó media hora tarde y sin aire. Pero aún llegando a tiempo, no hubiese cambiado nada pues el bichillo dormía profundamente después de haber vomitado buena parte del complemento y del calostro de la última ingesta. La puericultora acelerada se mostró sorprendida de que hubiese también calostro pues pensaba que el nenito no acertaba a ingerir nada del pecho (seguro que pensaba que todo era por culpa del chupete). Aún así insistió que sería necesario complementar. Así, siguiendo sus indicaciones, aquella noche le dimos varias veces leche extraída con una jeringuilla. Resultado: el peso del bebito, al día siguiente era de 60gr más! (por si te falta el contexto, al parecer es un incremento importante). El pediatra, al preguntarle si debíamos seguir complementándole con la jeringuilla, demostró no saber nada de esa pauta y nos pidió que simplemente le diésemos de comer a demanda de manera normal y directa del pecho. Resultado: al día siguiente el peso volvió a incrementarse en 120gr y la credibilidad de la puericultora acelerada decayó proporcionalmente. El sacaleches quedó temporalmente aparcado en su caja.

La limpieza

Diferentes equipos iban y venían a diferentes horas para mantener la habitación limpia. Lo hacían bastante bien excepto un día que todo se llenó todo el hospital de pelusas enormes pues al parecer hubo algún problema en lavandería (un caso excepcional). El problema era que, como en cualquier momento aparecían para cambiar toallas, reponer compresas, colocar la cama, barrer el suelo y ¿qué sé yo? se hacía un tanto incómodo el encontrar un momento de tranquilidad para hacer tus cosas en el lavabo con un mínimo de intimidad.

Para hacer la cama del acompañante, eso sí, las dos personas requeridas para recuperar el estado de sofá llegaban bien avanzada la mañana. Así que te encontrabas con la cama en lugar de sofá con las primeras visitas por la habitación.

El mantenimiento

El capítulo de mantenimiento también es curioso. El teléfono/mando no fue restituido hasta que al día siguiente el papi fue a solicitar que viniese una puericultora al mostrador de la planta. La persona que estaba al cargo (vestida con un traje oscuro a rayas) preguntó que porqué no llamábamos directamente por el teléfono y se sorprendió al saber que no disponíamos de éste. Llamó y unas horas más tarde llegó un técnico y nos colocó el aparato en cuestión.

Otra cosa fue el tema de la luz. De repente dejaron de funcionar las luces de la habitación. No podíamos ni ir al lavabo pues estaba completamente a oscuras y al llegar la noche no podríamos ni movernos. Unas horas más tarde nos visitó un técnico que detectó rápidamente el problema: una de las lámparas había producido un cortocircuito. La desconectó, recuperó la luz del resto de la habitación y se marchó prometiendo que venía en seguida con otra lámpara ante nuestros ruegos de que la repusiese pronto (resultaba ser la luz más cómoda para no molestar a la mami ni al niño durante las tomas nocturnas).

Pero el hombre no volvió.

Tras varias reclamaciones, dos días después una enfermera muy seria y a la vez atenta, hizo ella misma la llamada a mantenimiento. Le aseguraron que justo en aquel momento estaban trayendo la lámpara. ¿Qué casualidad, no? Ella pidió hablar con la persona que la traía y nos dijo, con un guiño, que si no llegaba en una hora que volvería a llamarles. La lámpara llegó.

Lo que en ningún momento llegó fue una tercera almohada (las dos disponibles las usaba la mami para la seguridad del pequeñín), ni tampoco una manta extra. Las solicitamos en varias ocasiones y a diferentes personas (incluyendo al personal de limpieza), todas nos dijeron sí, sí, ahora mismo se las traigo,  pero no hubo suerte. Así que si te toca ser acompañante, quizás te convenga llevar una almohada y una manta extra.

El silencio

Por desgracia, el tema de la hipertensión que apareció durante el parto se convirtió en un problema algo más largo. Esto requirió que nos quedásemos más días de lo habitual. La tensión alta venía acompañada de fuertes dolores de cabeza, por ello evitamos recibir visitas al máximo y en la habitación hablábamos en susurros (excepto el pequeñín claro).

Pero los visitantes de las habitaciones vecinas no tenían el mismo problema y daban rienda suelta a su voz. Incluso estuvieron viendo un partido de fútbol y comentándolo a grito pelado a las 3 de la mañan. Les pedimos que bajasen la voz, incluso llamamos para pedir que contuviesen a los ruidosos, pero no fue demasiado efectivo. En lugar de un hospital, en algunos momentos recordaba intentando dormir alguna noche de camping de nuestra juventud con gente haciendo fiesta en la tienda de al lado. Una doctora nos confesó que aquella (la cuarta) no era la planta más silenciosa, pero tampoco parecía que nadie hubiese planteado hacer algo  para evitarlo.

Otros servicios

Cada cierto tiempo pasaba una persona para preguntarnos si el acompañante se quedaba a comer/cenar. Algunas de la limpieza incluso hacían bromas de ella pues al parecer casi nadie se decantaba por los, puede que, deliciosos manjares que ofrecía. En nuestro caso no accedimos a este servicio, entre otras cosas porque nuestra mutua cubría la manutención del acompañante a partir de unos tiques canjeables únicamente en la cafetería/restaurante del hospital.

También pasaron con una cámara a hacernos unas fotos. Según nos dijo la fotógrafa, venía de parte del hospital que nos regalaba una foto de nuestro cachorro. Pero nos obligaba a rellenar un formulario en el que, entre otros datos, preguntaban el nombre del hospital cosa nos hizo sospechar algo. Total que se trataba, como tu que eres mucho más sagaz, ya habrás adivinado de una venta encubierta de fotografías que ni siquiera eran de demasiada calidad. Trajeron las fotos más tarde en un portátil y nos pidieron que cual queríamos. Dijimos que ninguna pues, de verdad, teníamos fotos tomadas por nosotros mucho mejores que aquellas. Pero ante la insistencia de escoger una, lo hicimos pensando que se trataba de la de regalo, a lo que nos respondió vale, esta son 10€. Además, el hospital os regalará otra cualquiera (que no podéis escoger). Rechazamos el ofrecimiento y más tarde nos obsequiaron con una foto en papel seleccionada no sabemos con qué criterio.

Otro servicio que nos ofrecieron fue una prueba especial de oído del bebé. Al parecer uno de cada 1000 o algo así de los bebitos sufren algún problema auditivo, y con unas pruebas sencillas se podía detectar a tiempo para evitarlo. Claro está, esas pruebas no eran cubiertas por ninguna mutua. Nos quedamos con la información con la intención de leerla pero no lo hicimos. Así, al día siguiente llamaron identificándose como pediatra y preguntándonos por si aceptábamos hacer la prueba. Le dijimos que aún no lo habíamos pensado a lo que respondió que intentásemos comentárselo a la pediatra cuando nos visitase. Como fuera que aquel día la pediatra no pasó, tampoco hicimos la petición de la prueba. En todo caso, me pregunto la cantidad de pruebas extra sencillas que no están cubiertas por ninguna mutua y que se podrían hacer al bebé para descartar problemas que aparecen en una milésima parte de la población.

La cafetería

Dado que nos tocó quedarnos varios días, tuve más que opción de “disfrutar” de los servicios del restaurante/cafetería del hospital.

No es que la comida fuese mala. De hecho, al final hasta te acostumbras a su sabor. Pero en caso de que nuestra mutua no nos hubiese cubierto la manutención, de ninguna manera hubiese ido a comer allí: la relación calidad/precio era pésima. La organización otro tanto. Unos días debías hacer cola para que te asignasen una mesa, otros debías sentarte y esperar a que te viniesen a servir. Pronto descubrí, por suerte, que podía pedir la comida y la cena para llevar. Te lo ponen todo en recipientes de plástico. ¡Ah! no te descuides de pedir el pan y los cubiertos pues normalmente ellos no lo recordarán.

No me quedó en ningún momento claro lo que incluían mis tiques pero llegué a la conclusión de que dependía del camarero. Unos días podía tomar para desayunar un bocadillo decente con un zumo y café, mientras que otros el bocadillo debía ser un panecillo con dos lonchas de salchichón y tomate rancio y un zumo o (exclusiva) café. Especialmente absurdo me sentía los fines de semana en los que una camarera (la más mayor) se hacía cargo, racaneaba las raciones.

Uno de los desayunos, servido por la camarera tacaña, resultó especialmente desagradable. La señora decidió que yo quería un café solo a pesar de que le repetí que quería un café con leche. Al final me entregó su café solo y yo, que ya estaba un poco pasado, le dije tranquilamente lo siento, le he pedido un café con lecheAh! pues yo he entendido que quería uno solo. Pues me temo que se ha equivocado. Y sí, corrigió su error. Puso el café solo junto con el café que había ya caído en una taza, le echó un poco de leche y me sirvió el mejunje casi negro tan feliz. Total que aquella mañana tuve que ir a tomar café a una panadería/cafetería cercana (el Molí Vell) que queda cerca subiendo Sabino Arana. La comparación de ésta con el restaurante del hospital, en casi todos los aspectos, resulta odiosa.

Al día siguiente decidí llevarme el desayuno también. Como necesitaba más tiques de comida, mostré el pobre desayuno a la persona encargada de proporcionarme los tiques y, convino conmigo que era una cantidad ridícula para un desayuno “decente”. Me comentó que la camarera tacaña era un poco rara, que no disponía de la descripción de lo que incluía mi desayuno y me recomendó el Molí Vell. Al menos, la recomendación era buena.

El parking

El parking del hospital presenta unas plazas un tanto estrechas. Los pasillos de acceso también son estrechos y no ofrecen demasiada visibilidad. Si fue planeado para ser construido a la vez que el hospital, el diseñador se lució.

Aparte, resulta bastante caro si has de dejar el coche varios días. La ventaja principal es, claro está, que de la habitación al coche sólo tienes unos metros de pasillo y unas plantas de ascensor.

De todas formas, parece que se trata de algún tipo de estándar en parkings de hospital y sino, mira de entrar al de la Quirón.

Documentación

Una equivocación en la fecha de nacimiento que aparecía en el informe de pediatría volvió “locos” a los de la Seguridad Social. Al llamar para solicitar la corrección (esperábamos recibirla por correo electrónico) nos comentaron que teníamos que pasarnos por allí pero que debía ser por la mañana pues por la tarde no había nadie en secretaría. Ésto retardó varios días la obtención de la baja de maternidad y redujo la percepción económica del primer mes.

Al final, el papi se pasó a arreglar el entuerto. Una doctora de pediatría apareció por los pasillos y muy amablemente se hizo cargo de la situación. Pidió corregir la fecha del parto a la sección de partos y corrigió ella misma otros errores menores del informe. Así que, al día siguiente con el informe de pediatría arreglado obtuvimos por fin el informe de baja de la Seguridad Social y, con este, el resto de papeleo asociado con la llegada de tu hijuelo.

Conclusiones

Estamos contentos de haber ido a la Dexeus a tener a nuestro primer retoño. No obstante, consideramos que se trata de un hospital que presenta importantes deficiencias en organización y comunicación interna. En general estamos muy satisfechos por la profesionalidad y atención que individualmente nos han ofrecido la mayoría del personal que nos trató. Por supuesto, sería deseable que la doctora titular y las comadronas que atendieron el parto hiciesen algún tipo de reflexión respecto a su autoconfianza y al trato al cliente.

Básicamente deberían tratar de entender que un plan de parto no es un cuestionamiento de su profesionalidad sinó un movimiento que algunos padres estudian con el objetivo de hacer lo mejor para su retoño. Si esto genera situaciones absurdas, quizás un centro como la Dexeus podría incluir entre sus charlas, algunas relacionadas a aclarar y orientar respecto a estos temas.

Ideal seria también que los diferentes “cuerpos” consiguiesen limar sus diferencias pero entendemos que se trata de un mal extendido por muchos hospitales en los que diferentes perfiles profesionales con responsabilidades solapadas, mal definidas y peor gestionadas, acaban generando relaciones ásperas que, desgraciadamente, llegan a parar a los objetos de su servicio: que a fin de cuentas son personas que no se encuentran en su mejor momento.

En todo caso, si algún día nos decidimos a tener otro hijo, muy probablemente volveremos a confiar en la Dexeus.

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12 Respostes

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  1. cerratis said, on 18 Abril 2010 at 2:39

    Madre mia… vaya historia!!!!

    • blami said, on 19 Abril 2010 at 12:46

      Pronto conocerás otra muy parecida, no? 😉 Espero y deseo que tenga un final tan feliz como ésta 🙂

  2. Víctor said, on 12 Setembre 2010 at 21:27

    Bufff! Podría titularse “La aventura de parir con un plan de parto alternativo”. Te das cuenta que todo son bonitas palabras sobre el plan de parto pero despues a la hora de la verdad lo que se suele hacer es aplicar el plan de toda la vida porque simplemente es el que funciona y da menos problemas. Te das cuenta de que para poder aplicarlo tienes que consensuarlo previamente con todas las personas involucradas en el parto (ginecologa, comadronas, enfermeras, etc), lo cual creo que es bastante dificil (porque a lo mejor no sabes quien te va a atender hasta ultima hora). Y ya no te digo si encima lo que hay es poca comunicacion interna entre ellos. Encuentro bastantes similitudes con la “Gestion del cambio” dentro de las empresas (en que los empleados te dicen que quien eres tu para decirme como debo trabajar? 😉
    Bueno, lo importante es que todo salió bien al final. Un abrazo.

    • blami said, on 12 Setembre 2010 at 23:06

      Ya lo has dicho bien: todo bonitas palabras hasta que llega la hora de la verdad.

      En todo caso, todo salió bien y nuestro bichín sigue creciendo sano, feliz y reorganizando cada detalle de nuestras vidas… el sí que es un experto en gestión del cambio! 😉

  3. Oraina said, on 11 Juny 2014 at 2:16

    Gracias. Una historia maravillosa que me guardo, incluso aunque no vaya a la Dexeus.

    • blami said, on 11 Juny 2014 at 10:24

      Me alegro de que te resulte interesante. Tuvimos un segundo hijo también en la Dexeus. Ahora pertenece a la Quiron y se notan muchos cambios en tan poco tiempo.

      También se han notado los cambios mi la familia pues ahora no hemos tenido tiempo ni de redactar la actualización de esta entrada.

      Un saludo y que vaya muy bien donde quiera que vayas 🙂

  4. Jessica said, on 9 Juny 2015 at 20:26

    Yo estoy iendo a dexeus por mi embarazo y por el momento mi experiencia es muy buena. Tanto por mi ginecólogo, muy amable y abierto que me explica todo muy bien, y el resto de personal también muy risueño y amable (almenos los que me han tocado por el momento). Entonces tu segunda experiencia en Dexeus (siendo quiron) cómo fue? Yo sinceramente espero que no me toque ningún/a persona tan inhumana o si prefieres llamarlo, poco amable conmigo en el momento del parto, ya que lo que menos necesito es que me den inseguridad y bajen la moral. Aun así, como ya he dicho, por el momento me va bien y no como en la teknon donde estuve al principio, al cual el ginecólogo solo se basaba en hacerme ecografia y ofrecerme cosas que no entraba por mi mutua tal y como pruebas y lo de que estuviera el en el parto. Ni me pesaba, ni me media, ni exploración general ni nada. Mucho hospital 5 estrellas que sólo se preocupan por sacarte el dinero en vez de hacer un buen trabajo. Espero que me digas tu segunda experiencia. Un abrazo.

    • blami said, on 23 Juny 2015 at 16:21

      Ops! He tardado tanto en contestar que quizás ya hayas dado a luz! Perdona :s

      La segunda experiencia fue mucho mejor. El trato humano había mejorado ostensiblemente mientras que mantenían la calidad de los profesionales que nos atendieron.
      También hay que decir que no es lo mismo como te tratan cuando vas de novatilla que cuando ya tienes polluelos.

      Mis mejores deseos y si quieres, cuéntanos como te fue 🙂
      Un abrazo

  5. Teresa Fresna said, on 8 Agost 2015 at 20:06

    Curioso que tu detallada explicación te pase por alto que probablemente la inducción del parto no estaba indicada (a no ser que estuvieses de más de 41 semanas). Demuestra que la percepción de la calidad recibida dista de la calidad real.

    • blami said, on 10 Agost 2015 at 17:59

      Muchas gracias por enriquecer esta entrada con tu aportación, Teresa

      En la sección en que describimos la sala de espera, comentamos que hubo que programar el parto por la calma de nuestro pequeñín. Sí, estábamos al límite como bien dices. A parte, escribimos que se presentaron complicaciones de hipertensión a la hora del parto que, ahora, sabemos compatibles con preeclampsia. Bueno, no somos médicos pero pensamos que quizás sí estaba indicada la inducción.

      No sé si en tu comentario se debe leer que tienes una percepción diferente (peor) de la calidad del centro. En esta entrada pretendimos dar una visión de diferentes aspectos de nuestra experiencia de manera que otros pudiesen beneficiarse de alguna manera. Por supuesto, al final explicamos las cosas a partir de nuestra situación concreta. Por poner un ejemplo trivial, si tu coche es mucho más grande o pequeño que el nuestro, el comentario de “plazas estrechas” del parking se te quedará corto o no tendrá sentido.

      Y claro, siempre la percepción siempre dista de la realidad, no? 😉

  6. Jaume said, on 8 Juliol 2016 at 13:18

    No son tan guais como parecen.

    http://ccaa.elpais.com/ccaa/2015/04/13/catalunya/1428953407_417126.html

    • blami said, on 11 Juliol 2016 at 5:27

      Gracias Jaume

      Un caso muy triste el te esa niña. Ojalá que sus padres puedan encontrarse algún día en paz.


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